Aquella tarde de idas y venidas, de vueltas sin cansarnos y de mil conversaciones y tres mil risas en el lago de aquel parque lleno de parejas. Donde nosotros aparentábamos ser una más, pero solo nosotros sabíamos que no, que nosotros éramos distintos, aunque no lo aparentábamos porque no era nada que se viera. Era algo de nuestro interior, algo que había hecho que aquel dicho de “encontrar a tu media naranja” se hiciera realidad en nosotros. Y de entre todas esas conversaciones me dijiste que te gustaba reírte. Sí, la verdad lo había notado, eras la persona que más se reía de las que había conocido.
Que eras cabezón. Y tanto que me había dado cuenta... Que no te gustaba la palabra “odiar”. Sí, nunca la pronunciabas y cuando yo lo hacía te enfadabas. Detestabas la mentira y la hipocresía. Cada mañana al levantarte mirabas por la ventana y así ya sabías que tiempo iba a hacer en el día. Te gustaba llevarme a pasear por el centro y tomar fotos de todo, cosa que a mí me encantaba que hicieras. Te gustaba decirme todo lo que te gustaba y así diciendo lo que te gustaba y lo que no te gustaba y con estas ideas y venidas pasamos la tarde. Una tarde más en ese lugar en el que nos podíamos sentir especiales.
1 comentario:
que idea tan tan tan bonita de los chicos tienes ali; conservala mientras puedas!
tequiero; bonitisimo el texto
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